
Abel Pardo con Adrián ("Adrianu" de nome artísticu) Martín
En el principio era el verbo. El muchacho imberbe con un torrente de elocuencia que asombró a José María Rodríguez de Francisco en un congreso de la UPL; un episodio del que se vanagloria como su puerta de acceso a las listas electorales al Ayuntamiento de León en 1995. Veinte años y un sillón municipal desde el que vio el paseo de la mayoría absoluta del PP de Mario Amilivia. Cuatro años para conocer vericuetos y ahondar en la vida orgánica de la UPL, donde, a fuerza de fagocitar compañeros, había convertido las juventudes leonesistas en Conceyu Xoven. Una escalada con ruido de cráneo en los zapatos de la que se ha acordado estos días, tras comprobar que algunas de las firmas que denunciaron la tendencia filonazi de su Llionpedia se correspondía con aquellos huesos rotos que ahora vuelven a buscarle.
Pero entonces, cuando era joven, feliz y se documentaba el futuro era otra cosa. Un camino en el que vivir de la política, metido en la UPL, que se afianzaba en el convencimiento de que el 15% de porcentaje de votos que dejan libre PP y PSOE en esta provincia admitía gente de todos los colores -”como el CDS o renegados de otras formaciones-” y grupos leonesistas de la más variopinta condición y reivindicaciones. «Mejor que esté dentro y no moleste desde fuera», recuerda uno de los compañeros de aquellos años que se pensó en la dirección del partido, donde le pedían que bajara la voz cuando hablaba de la independencia de León, no con respecto a Castilla, sino también a España. Un impulso independentista que tendría su máximo dolor de cabeza en la Declaración de Mallorca, firmada en agosto del 2002 junto a grupos juveniles nacionalistas como Joves d-™Esquerra Nacionalista-PSM, Gazte Abertzaleak, Unió Mallorquina, Bloc Jove o Galiza Nova.
La polémica de su firma en este documento le pilló ya como concejal de Juventud. Un área a la que accedió en verano del 2000, después de que Amilivia decidiera dar entrada en el equipo de gobierno a la UPL para sostener la mayoría simple de la que gozaba desde mayo de 1999, y en la que llegaría hasta los comicios del 2003. Ahí, se le abriría el páramo político: cuatro años en los que se quedó fuera del consistorio, después de que Rodríguez de Francisco le prometiera el puesto cinco en la lista y se le cayera el papel con su nombre en el Puente de los Leoneses, justo cuando iba a validar la candidatura.
Pese a no contar con él y, tras vencer las reticencias iniciales de Rodríguez de Francisco y Covadonga Soto, Pardo entró en el nuevo mandato acogido a la ley tácita de que los ex concejales sin trabajo eran acogidos en el seno municipal: había por entonces casi una veintena -”varios siguen-” y al díscolo joven se le colocó como técnico de Medio Ambiente; luego, como integrante de la oficina de captación de subvenciones europeas. «Mejor aquí que por ahí preparándola», se volvió a pensar, aunque la ruptura de De Francisco y Soto y la consiguiente moción de censura desalojó a UPL del gobierno y a Pardo de su puesto de trabajo, por orden expresa y fulminante de sus ex compañeros, que ahora juegan a tirarle flores y le cantan con voz de sirenas.
Tampoco esta vez se quedó en la calle. Otero le acogió como asesor en las Cortes y empezó a trabajar en propuestas que presentar en Fuensaldaña, en la Diputación y en el Ayuntamiento. Fue su manera de volver a asomar la cabeza y reivindicarse, mientras maquinaba una campaña publicitaria en la que magnificar su persona como imán de las voluntades de los jóvenes leonesistas en dirección a las urnas y catalizador de grandes apoyos en el partido. Nadie le dijo que no cuando empezó a pedir un puesto en las listas y, sin más, se coló en la candidatura de Chamorro, que tragó pese a los avisos y sus propias reticencias; unas muestras de desconfianza que han cristalizado estos días y consumado ayer.
Aunque antes, en las casi dos semanas de limbo de suspensión temporal, ha tenido tiempo para pensar y moverse: ir y venir del Ayuntamiento, todavía con las claves del ordenador de la Concejalía de Nuevas Tecnologías, desde el que se controlan todos los archivos del Ayuntamiento. Ha acatado hacia afuera -”será compensado por ello-”, pero no piensa irse, aunque puede desfallecer por inanición. Sólo falta saber si espera al mirlo blanco de García Bayón u opta por ser el hijo mayor de Eva, en vez del pequeño.


Esbilla
del.icio.us
































Nun hai comentarios »