LNE. JOSÉ MARÍA ARIAS. Hoy se cumplen 500 años de la incorporación a la Corona española de un minúsculo y desconocido territorio como es el Peñón de Vélez de la Gomera, uno de los enclaves militares de España en el norte de África, costa del Rif, situado 126 kilómetros al oeste de Melilla y a 117 al sudeste de Ceuta.

Se trata de islote pequeño y rocoso, de planta triangular, con 250 metros de largo y 100 de ancho, que desde 1934 quedó unido al continente por una estrecha franja de arena de unos 80 metros de longitud, debido a los efectos de un terremoto. El istmo, cuya soberanía fue cedida a Marruecos, da testimonio, cuando ocasionalmente se utiliza por parte española, de una buena convivencia hispano-marroquí. Tiene el Peñón una superficie de 19.000 m2 aproximadamente, con su máxima cota elevada a 87 metros sobre el nivel del mar. Está unido a una isleta menor, llamada de San Antonio, por un pequeño puente de madera. Su única población actual es la guarnición militar existente en el mismo, perteneciente al cuerpo de Regulares, además de algunos civiles (fareros, albañiles, panaderos, etcétera) que tienen encomendado su mantenimiento.
El Peñón de Vélez de la Gomera fue conquistado el 23 de julio de 1508 por una flota española al mando de Pedro Navarro, el cual, encontrándose alistando una escuadra en Málaga para la conquista de Orán, recibió la orden de aniquilar el poderoso núcleo de piratas que se había instalado en el Peñón a raíz de la expulsión de moros y moriscos de España en los años 1492 y 1501, respectivamente, que desde entonces lo utilizaban como base para hostigar las costas españolas. Conquistado el Peñón, fue fortificado y se formó una guarnición al mando del alcaide Juan de Villalobos.
No obstante, en 1522, los moros consiguieron apoderarse del Peñón, pasando a cuchillo a toda la guarnición que por entonces mandaba el capitán Villalobos. Pero, el 6 de setiembre de 1564, el marqués de Villafranca y virrey de Cataluña García Álvarez de Toledo y Osorio lo recuperó para España. Para ello contó con una Armada dispuesta por S. M. Felipe II, compuesta de 93 galeras y 60 buques menores, en los que embarcaron más de 9.000 hombres pertenecientes a España, al Papa, Malta y Toscana, cuya leva -en principio- se había hecho para una guerra contra los infieles, tan frecuentes en aquellos años. Llevada a cabo la empresa, se dispuso para la defensa de la plaza una guarnición que, según las crónicas de la época, estaba integrada por «cuatrocientos soldados, cien gastadores, cuatro marineros y las mujeres que fueran menester», llegando a contar hasta con 43 piezas de artillería.
Cárcel de presos comunes
Dadas sus peculiares características, el Peñón pronto se convirtió en un penal al que se enviaban presos comunes, presos políticos y desterrados, hasta el punto de que en algunos momentos superaban ampliamente a la guarnición, que, sin embargo, la apoyaban ante los frecuentes ataques de los moros. Convivían allí la guarnición militar, la población reclusa o desterrada y el estamento civil, de manera que al establecerse el Protectorado Español en Marruecos, en 1912, los habitantes civiles se instalaron en la cercana Villa Sanjurjo (o Alhucemas), y, con la independencia de Marruecos, en 1957, pasaron a Ceuta y Melilla, quedando desde entonces ocupado el Peñón por una guarnición militar. España mantuvo su posesión después de aquélla debido al hecho de que su presencia databa de fechas anteriores a la existencia del Reino marroquí, siendo «terra nullius», y su posesión no estaba, por tanto, sujeta al Protectorado ni a la nación independizada.
La plaza y sus moradores sufrieron desde el principio toda clase de adversidades, penurias y calamidades, tales como asedios, epidemias, terremotos, etcétera, siendo la vida en el Peñón muy dura por su aislamiento y sus privaciones. El suministro de víveres y agua se hacía a medio de un bergantín desde Málaga, ya que, exceptuando las viandas que en épocas favorables se podían conseguir en las aldeas marroquíes y la pesca, no existía posibilidad de lograrlos en el Peñón. Pero, unas veces debido a los temporales, otras al abandono de las autoridades de la Península y -en fin- otras a los hostigamientos de los rifeños, o no llegaban, o, sencillamente, resultaban insuficientes. Como curiosidad, es reseñable que los alimentos se distribuían entre la población en la plaza del Mercado, con un código de repique de campana: un toque, carne; dos toques, huevos y gallinas; tres, carbón; cuatro, pescado; cinco, verduras y patatas, etcétera.
Durante la guerra del Rif (1919-1926), y debido a los ataques de los sublevados, el Peñón fue avituallado en ocasiones por submarinos, en los que incluso fue evacuada su población civil, aspectos éstos tan desconocidos como su propia historia y vicisitudes. Hasta los años setenta del pasado siglo, un buque-correo de la compañía Transmediterránea -que, por estar catalogado como correo marítimo, gozaba de los privilegios y prioridades propias de su categoría- realizaba la popularmente denominada «línea del piojo», que en su singladura entre Ceuta y Melilla efectuaba las tareas de suministro semanalmente, abasteciendo también las cercanas islas Chafarinas y el Peñón (o islas) de Alhucemas, que igualmente son territorios españoles. Uno de los buques que efectuaban las mencionadas tareas fue el «Ciudad de Algeciras», que, en la pasada década de los ochenta y ya fuera de servicio, permaneció atracado durante un tiempo dedicado a cafetería y discoteca en el muelle de Oriente o dársena local de Gijón, antes de ser desguazado, al no alcanzarse otros destinos que se pensaron para él. En nuestros días, el Peñón se avitualla mediante buques-aljibe de la Armada y helicópteros del Ejército de Tierra, los cuales utilizan el helipuerto construido en su cima
Cumpleaños feliz
El acceso a Vélez no es posible para el personal civil sin autorizaciones especiales del Ministerio de Defensa (Comandancia General de Melilla) y de la Gendarmería Marroquí, y ha de hacerse por tierra, a través del istmo que lo une al continente. Desde la playa, traspasado el portón de entrada, que se abre diariamente al toque de diana y se cierra al de silencio, y en cuyo frontis figura el correspondiente «Todo por la Patria» con la denominación del enclave y los lemas y escudos de sus guarniciones, se inicia una calle que serpentea por todo el Peñón hasta llegar a La Corona, un hermoso baluarte circular pintado de blanco. Caminando por dicha vía se pueden encontrar algunos recuerdos de su historia, como la plaza del Mercado, donde forma la tropa para izar y arriar la bandera española; un pequeño monumento a los caídos (2.681 muertos y 20.465 heridos, alto tributo pagado por la defensa de este trozo de España) levantado por la guarnición; la reducida plaza de Ceuta, con su escudo realizado con piedras pintadas por los Regulares; el rincón o plaza de España, en la que existe una placa erigida «en memoria de los que amaron esta roca solitaria y en sus profundidades huecas duermen», pues todo el Peñón se encuentra horadado; el cementerio, que, situado junto al faro, da reposo a los restos de antiguos moradores, entre ellos, los del único farmacéutico militar muerto en las campañas del Rif,... La parte norte del Peñón se halla rodeada por una muralla, con puente levadizo.
Hoy, al cumplirse el 500.º aniversario de su presencia entre nosotros, ¡cumpleaños feliz y larga vida para el Peñón!
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¿Pa qué quier españa eso? Nun ye marafundiar perres en caltener ehí militares? ¿A quién defenden los militares? Vive ehí daquién?
Va pih.ada...
Eso y como Munuza gobernó en Gijón entreguémoselo a los árabes. Total, para qué gastar perres.... con el mismo razonamiento se justifica cualquier burrada.
Hombre, y eso es España desde hace 500 años. Navarra por ejemplo lleva menos tiempo siendo parte de España.
Pero en Xixón vive xente... Nel peñón naide... Tamos falando d'un peñón, non de Ceuta o Melilla...