Rancios lingüistas
LNE. María Cueto Fernández, Xixón.
Soy partidaria del reconocimiento oficial de la realidad lingüística de Asturias. Mi postura es, evidentemente, ideológica; tan ideológica como la de aquellos que por perpetuar sus privilegios lingüísticos no lo son. Como ciudadana que defiende la igualdad, que evidentemente implica unos derechos y unos deberes propios de la vida en comunidad, entiendo que las instituciones que nos gobiernan tienen que regular equitativamente la realidad trilingüe de la Asturias actual. Entiendo que las personas, independientemente de su estrato socioeconómico, han de tener las mismas oportunidades y, por extensión, entiendo que las lenguas que hablan han de estar equiparadas legalmente. El avance social de la lengua asturiana siempre se vio, se ve y se verá frenado por los prejuicios pijos y elitistas de aquellos que no se sonrojan en acusarnos de impositores y obligacionistas. Eso sí, entienden que el monolingüismo que ellos defienden y fomentan no lo es. Es evidente que obvian (intencionadamente, no lo duden) las circunstancias históricas y políticas que llevaron a privilegiar unas variedades lingüísticas sobre otras. Eso parece darles igual, y no tienen empacho en seguir manteniendo actitudes lingüísticas propias de épocas pasadas si con eso pueden segregar y penalizar a quienes deciden libre y voluntariamente realizar estudios de Asturiano en el ámbito universitario. Argumentan que no están en contra de la desaparición de un título propio cuya baremación en unas oposiciones es nula y para el que, por ejemplo, no se pueden solicitar ayudas económicas para cursarlo. Bonita manera de buscar y fomentar la igualdad.
Fui alumna de la Facultad de Filología y recuerdo que las asignaturas de Lengua Asturiana a las que asistí fueron unas de las más gratificantes de mi experiencia como estudiante. Por cierto, son materias que escoge opcionalmente un buen número de alumnos. Sin embargo, no entiendo que por eso sean unas materias mejores que otras en cuyas aulas compartí asiento con cuatro o cinco personas. Siempre defendí y defenderé que la Facultad de Filología ha de mantener sus estudios, independientemente del número de alumnos que lo soliciten. ¿Qué sería de materias como el Griego, el Latín, el Indoeuropeo o la Gramática Histórica si se sometieran a referéndum social? ¿Cuántos asturianos estarían a favor de seguir manteniendo titulaciones universitarias cuyo número de matriculados no supera la decena por curso? Evidentemente, éste es un argumento peligroso y sin sentido, pero que usan sin rubor aquellos que pretenden negar un espacio propio al asturiano en los estudios reglados de la Universidad. Esta pretendida élite entiende que la sociedad son ellos, en burbuja académica, y olvidan que hay una realidad lingüística ahí fuera que merece ser estudiada e investigada en igualdad de condiciones con el resto de lenguas que forman parte de nuestros estudios universitarios. Me parecería estúpido relegar el inglés a unos estudios secundarios para poder frenar así el imperialismo americano, una realidad que, por cierto, sí existe, a diferencia de ese supuesto monolingüismo al que nos abocaría la presencia reglada del asturiano en los estudios superiores, en cuanto que su entrada digna en la Universidad traería la oficialidad y ésta una desaparición total del castellano. Esta inferencia es una falacia, porque se basa en una ficción y porque traslada impertinentemente a Asturias análisis y conclusiones políticas de otras realidades. Conclusiones que, por cierto, nada tienen que ver con los estudios sociolingüísticos realizados en Asturias.
Pero, evidentemente, poco parecen entender del aspecto social de la lengua estos rancios filólogos por lo que no parece haber pasado la lingüística saussuriana, y que defienden en pleno siglo XXI la importancia de la literatura como «forjadora del idioma». Todavía no se han enterado de que las lenguas, todas las lenguas, preexisten a sus literaturas escritas y que no es necesario que éstas existan para que una lengua sea lengua y merezca ser estudiada e investigada dignamente en la Universidad. Son nacionalistas excluyentes que entienden que sólo su modelo lingüístico puede ser impartido en la enseñanza superior, y que niegan a mi lengua la posibilidad de continuar su proceso de estandarización, que tiene tanto de artificial como el que en su día llevó a cabo el castellano.
Parte de los profesores de la Facultad de Filología de la Universidad de Oviedo viven anclados en el pasado; sus argumentos poco tienen que ver con el desarrollo que la lingüística alcanzó a lo largo del siglo XX. Es evidente que cada día se hace más necesaria una renovación metodológica y la incorporación de nuevas disciplinas que hagan de ésta una institución innovadora, situada en la vanguardia (como hace décadas) de los estudios lingüísticos en España. El camino de la segregación ideológica de los estudios en función de la supuesta existencia de lenguas de primera y lenguas de segunda nos lleva en otra dirección, poco esperanzadora para mantener el prestigio de la Universidad de Oviedo en un futuro de convergencia europea cada vez más inmediato.

Esbilla
del.icio.us
































