Artículu de Pilar Fernández Pardo: Libertad o sectarismo
Fonte LLONGALENDO
Publicado en Oviedo Diario
La democracia se distingue de cualquier otro tipo de régimen político, antes que nada y principalmente, por que los ciudadanos pueden manifestar sus preferencias ideológicas y participar en la actividad política, sin que ello implique represalia, coacciones o represión por el poder de turno. En el caso de España, nuestra Constitución asegura la no discriminación por motivos ideológicos, la libertad de ideas y la libre expresión de las mismas. Sabemos que en nuestro país la realidad democrática se entiende demasiadas veces, desde la izquierda, como un ejercicio metódico del enfrentamiento que puede traspasar líneas que nunca deberían cruzarse. Periódicamente encontramos sectores del socialismo asturiano que se afanan por mantener vivo el sectarismo de otras épocas, y que lo alimentan desde responsabilidades de gobierno. Es el fruto de una manera de entender la política como un medio para monopolizar el ejercicio del poder, que no consiente la discrepancia, y que busca las adhesiones desde un pensamiento simple y sin cuestionamientos. En Asturias, esa forma viciada de contemplar a la sociedad civil como un coto privado se envuelve, con cierta asiduidad, con un manto de localismo. En nuestra tierra no abundan las personalidades que sean queridas por igual en cualquier punto de su geografía, que con el paso de los años hayan ido gozando de la admiración y del cariño de miles de asturianos. Una de esas personalidades es Arturo Fernández, un actor que es hijo predilecto de su Gijón natal, y que ha ido demostrando una sincera y profunda asturianía a lo largo de su dilatada trayectoria. Estamos ante un asturiano que se ha visto arropado por el afecto de la gente en Oviedo, en Gijón, en Avilés, en cualquier población de nuestra comunidad autónoma, y que representa en la actualidad la obra “La montaña rusa” en la capital del Principado. Sin embargo, Arturo Fernández no va a poder deleitar a los gijoneses con esta misma producción en el Teatro Jovellanos, a pesar de que su compañía tenía apalabrada verbalmente la actuación del consagrado actor a lo largo de la Semana Grande. Y la causa es la fijación de un “veto político” por parte del equipo de gobierno municipal. Estos días hemos oído argumentos realmente insostenibles desde el sentido común, para justificar lo que no es otra cosa que una nueva muestra de sectarismo de nuestra izquierda, por mucho que se quiera camuflar el hecho. Decía Carmen Veiga, directora del Teatro Jovellanos, quitando peso a los compromisos avanzados, que no se había firmado ningún contrato y que solo había habido conversaciones, dejando en entredicho eso que en Asturias siempre se apreció socialmente como de la mayor importancia, el valor de la palabra dada. Decía también que ese “acuerdo tácito” fue omitido por la compañía de Arturo Fernández al programar la misma obra para solo unos meses antes en Oviedo, como si ésta fuese una causa válida teniendo en cuenta que la última representación de Federico Luppi, un actor curiosamente muy poco de derechas, había llegado a las tablas del Jovellanos venticuatro horas después de hacerlo en Avilés. No sabemos si las actuaciones previas en la Villa del Adelantado, y con tanta inmediatez en el tiempo, encierran alguna característica desconocida que no se dé en Oviedo o en cualquiera de las restantes villas asturianas. Más bien, en toda esta cadena de despropósitos del socialismo gijonés, estamos ante una exhibición burda y descarada de partidismo, de intolerancia, de intransigencia; es decir, estamos ante una clara muestra de extremismo desarrollado por el gobierno municipal de un concejo que, además, se ceba en un artista galardonado precisamente por su gijonesismo y que siempre ha hecho gala, con gran orgullo, de la defensa a ultranza de la que es su ciudad. Y para culminación de este desatino, en los días que estaban programados para la actuación de este ilustre ciudadano gijonés actuará Anthony Blake, quien, lo que son las cosas, apoyó en campaña al candidato socialista al congreso Álvaro Cuesta. A nuestros dirigentes socialistas el nombre libertad solo les sirve para la demagogia. Deberían saber que la libertad no es un medio para conseguir un fin político mayor. Es en sí misma el fin político mayor.

Esbilla
del.icio.us

































