LA NUEVA ESPAÑA.
• Los vecinos del Occidente confían en que la salida del BNG de la Xunta frene el plan de expansión del gallego en Asturias
• En los concejos fronterizos creen que Touriño se equivocó al ceder a las pretensiones lingüísticas nacionalistas
Aunque la Xunta de Galicia no tiene competencias sobre el territorio asturiano, lo cierto es que los pueblos del Occidente respiran más tranquilos desde que el pasado día 1 los gallegos decidieron con su voto retirar del Gobierno al Bloque Nacionalista Gallego (BNG). Es que nunca un partido de otra comunidad había dado tantos quebraderos de cabeza a esta parte de Asturias, dicen, porque nunca antes alguien había intentado implantar un idioma en una región que no es la suya.
Pero la Xunta sí lo hizo, o al menos lo intentó de la mano de Anxo Quintana (BNG), el socio de gobierno del dimisionario Emilio Pérez Touriño (PSOE), quien propuso la potenciación de la lengua gallega en los territorios limítrofes y por ende en todos los colegios del Navia-Eo. La propuesta se aprobó con una salvedad (que impusieron el PSOE y el PP): que todas las actuaciones que se llevasen a cabo para la promoción del gallego se hiciesen mediante convenios con las comunidades autónomas vecinas.
Aunque el Bloque Nacionalista Gallego se esmeró en precisar que no se trataba de ninguna intención expansionista, lo cierto es que entienden que en el Occidente se habla gallego. De hecho, llegó a proponer una reforma del Estatuto de Autonomía en la que se incluía que los concejos del Navia-Eo se anexionasen a Galicia. La propuesta finalmente se retiró.
Con la llegada del PP a la Xunta, los asturianos del Occidente creen que se abre una posibilidad de que se aparquen, de una vez, las pugnas lingüísticas entre Asturias y Galicia. Así lo ha manifestado Alberto Núñez Feijóo, el presidente electo de la Xunta, en una entrevista a este periódico, en la que se comprometió a «apaciguar de forma urgente cualquier polémica lingüística». Las dos orillas del Eo están deseando que se cumplan sus deseos.
Ángel Martínez es ribadense y trabaja en el mantenimiento de embarcaciones en el muelle de esta localidad. Tiene 53 años y si de algo está seguro, aparte de que le encantan los barcos, es de que «en Asturias no se habla gallego y lo que no se puede hacer es imponerlo». Martínez sabe que, a pesar de que las ideas del BNG sentaron mal a sus vecinos asturianos, «siempre hemos tenido una relación amistosa desde las dos orillas del Eo. Pero está claro que estas cosas no favorecen el buen entendimiento. Cada comunidad debe hablar su idioma». Afirma que «seguro que estas cosas han pasado factura al Gobierno, ¿quiénes son ellos para imponerle una lengua a nadie?». Es lógico que los asturianos estén ofendidos. Al menos, es lo que opina Jesús López, jubilado y gallego. «En Asturias no se habla gallego, hubo un tiempo en que la gente de Vegadeo sí que lo hacía, porque no separan muy pocos kilómetros, pero hoy no y menos en los concejos del interior.» Jesús López asegura que cuando se hicieron las propuestas de la Xunta para promover el gallego en Asturias «hubo muchas discusiones y yo me pongo del lado de los asturianos y los entiendo».
Al fondo del puerto, Tino Castaño se coloca el casco para subirse a su motocicleta. Vive justo enfrente, en Figueras, una villa marinera que lleva toda la vida compartiendo vistas al mar con Ribadeo. «A mí lo que me preocupa es que los políticos vienen y ponen sus normas y no tienen en cuenta lo que piensa la gente. Nosotros no hablamos gallego, otra cosa es que hagamos por entendernos», explica este jubilado asturiano. Castaño no acepta acotaciones a su argumento. «Esto es bien sencillo», dice señalando a la ría. «De aquí pa allá es Galicia y de aquí pa acá es Asturias, matemático». Arranca su moto y se va, al tiempo que advierte con el dedo: «Y te lo digo yo, que estoy casado con una gallega».
Ya en el litoral asturiano, los castropolenses tampoco dudan en expresar su opinión y su confianza en que «al menos, el nuevo Gobierno sepa reparar los errores que ha cometido el anterior». Ésta es la esperanza de José Prieto, que fue conductor de una funeraria «durante muchos años». Dice Prieto que «aquí se habla castellano y si no «cachiporreao», pero eso es entre la gente de aquí, es una «mezcolanza» que usamos entre nosotros, pero no es gallego». A Prieto, que no confía mucho en los políticos, le gustaría que «cada uno se ocupe de lo suyo y que hable lo que quiera mientras nos entendamos, pero espero que ahora la Xunta nos deje un poco en paz».
Barriendo las calles de Castropol, cuesta arriba, José Luís Álvarez hace una parada en la tarea para hablar el futuro lingüístico del Occidente. «Yo pienso que las propuestas hay que hacerlas con sentido. Si Asturias quisiese el gallego, pues que se haga, pero aquí nadie lo quiere, porque no se habla», explica.
Parece que las dos orillas del Eo se han puesto de acuerdo en el idioma que se habla a cada lado, un entendimiento al que han llegado antes los habitantes que los políticos. «Yo creo que en Asturias nunca se va a hablar gallego, por mucho que lo intenten desde la Xunta», explica Antonio Suárez, un vecino de Figueras que, aunque llega tarde al trabajo, tiene un minuto para analizar un tema que sigue copando las conversaciones de los bares y corrillos.
Gallegos y asturianos cierran filas en contra de unas propuestas que no han hecho sino crear una brecha entre dos poblaciones a las que, hasta hace poco, sólo separaba un río. Pero el BNG propuso la ampliación de la señal de la televisión gallega sobre la comarca, la anexión de los concejos del Navia-Eo y la promoción de gallego en Asturias. ¿Expansionismo o no? Sólo los políticos lo saben, mientras que los habitantes del Eo no quieren saber nada de imposiciones.